Tú ayuda, su conciencia sabrá

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Por Erik Fabián Sojo Rodríguez
@eriksojo

Desde inicios de diciembre empezaron las calles del norte a sobre poblarse de unas escenas dolorosas, cuadros de mendicidad imperante en las esquinas, en los semáforos, hablando con sus rostros y expresando con la mano, la petición de una moneda.

No tenemos el contexto de cada caso particular para señalar la veracidad de esa mano estirada, pero se ha comprobado en varios casos el tráfico que envuelve a varias de esas personas que hasta los cabecillas intelectuales, logran calcular metas y la rentabilidad generada por este nocivo modo de sobrevivencia.

Es doloroso que nuestros niños caigan en esa red de mafia humana, pues algunos con signos de mal nutrición, son dopados y alquilados para servir de anzuelo al corazón que se conmueve por esta dolorosa escena, y es que cómo no ayudar a esa mano estirada que carga una criatura que no tiene porqué estar sufriendo de ese ciclo doloroso y perverso.

Quizá en la nobleza de los transeúntes o en la de los conductores que colaboran, esté la razón de ser de ese incremento de personas que buscan la mejor ubicación para lograr recibir dinero, regalos, ropita y cualquier clase de ayuda.

Nuestra realidad de pobreza es imperante y creciente, muchos de nuestros coterráneos viven en condiciones realmente infrahumanas, logran si acaso llevarse una sola de las tres comidas a la boca durante el día, les toca partirse el lomo como sea para intentar saciar las necesidades básicas de su familia.

Nuestra moneda no solucionará el problema de quienes se parquean en las esquinas por ésta época, por eso quiero insistir que no demos monedas, lo único que logra es aumentar el espíritu de parasitismo que se engendra en el interior del mendigo.

Propongo y promuevo que en nuestros carros llevemos alimentos que mitiguen el hambre de esas criaturas, de esas madres, de esos pequeños abusados y privados de una niñez educada y lúdica. Quizá el impacto que logremos individualmente no logre mover las altas tasas de pobreza extrema, pero sí que lograremos sentir la satisfacción de disminuir en una persona el hambre de un día, de una tarde.

Quizá podamos pensar que en los alimentos no esté la solución definitiva para esta gran problemática que en primera instancia debería el Gobierno solucionar, pero por eso quise dejar en claro que la conciencia de quien recibe las donaciones debe ser la protagonista, tú ayuda, ya esa persona verá como actúa y destina tu donación.

 

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