El elogio del museo Mapuka a los tejidos tradicionales palestinos

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Detrás de los bordados tradicionales palestinos de principios del siglo XX existía todo un lenguaje que permitía descubrir la procedencia, situación socioeconómica, destreza y aspiraciones de la mujer que los lucía. Campesinas y beduinas aprendían a bordar en su infancia, y a partir de allí cada puntada que daban era una forma de reafirmar su identidad: en tonos azules, si eran viudas o solteras; en rojo, si eran casadas; patrones de hojas de uvas, si eran de una aldea vinícola y muchas manifestaciones más.

Una mirada al fascinante mundo del tejido tradicional de este pueblo árabe la ofrece el museo Mapuka en su sala de muestras temporales, con la exposición Hilos que hablan: el rol de bordado en la identidad nacional palestina. Disponible hasta el 31 de agosto y acompañada de actividades culturales y educativas cada semana, la exhibición se realiza con el apoyo del Instituto de Cultura Árabe de Colombia.

Durante su inauguración, el primero de agosto, se realizó un acto de bienvenida, así como una visita guiada. Espectadores pudieron entender el trasfondo de cada una de las piezas, que van desde vestidos provenientes de distintas poblaciones palestinas, como Gaza, Ramallah, Hebrón y Belén, hasta otros objetos traídos por la migración palestina al Caribe colombiano.

“La exhibición nace con el objetivo de mostrar la riqueza cultural artística e histórica del pueblo palestino. Los bordados son testigos de la evolución de su identidad y de los acontecimientos políticos, económicos y sociales recientes”, manifestó Odette Yidi David, directora del instituto.

“En Palestina cada hilo tenía un significado muy especial, los diseños no eran arbitrarios, no eran por moda. Cada vestido tenía su gramática y era un pasaporte para sus mujeres”.

En 1948, con la creación del Estado de Israel, el arte del bordado tuvo una ruptura a causa de que más de 530 aldeas palestinas fueron destruidas y un tercio de la población nativa expulsada. A pesar de que la tradición estuvo a punto de perderse, debido a que en ciudades grandes como Belén y Jerusalén las mujeres se regían más por la moda europea, este arte encontró una forma de reinventarse.

“Al encontrarse en campos de refugiados de países cercanos, las mujeres palestinas de las áreas rurales empezaron a hacer diseños más homogéneos que reflejaban una conciencia nacional que iba por encima de la identidad local. Desde el exilio organizaciones de mujeres y cooperativas encontraron también en el bordado una forma de proveer ingresos a sus familias”, puntualizó.

Muchos de los vestidos y objetos de la exhibición son valiosas reliquias familiares prestadas por parientes de inmigrantes palestinos que llegaron al Caribe colombiano que, junto con los que migraron de otros países árabes, tuvieron una fuerte influencia en la idiosincrasia de la región.

“En Mapuka ofrecemos un panorama de la diversidad cultural del Caribe colombiano, esa diversidad cultural no es solamente la prehispánica, también es la actual. Y esa tiene una profunda influencia árabe que se ve reflejada en sus costumbres, en su comida, en su gente”, manifestó Juan Guillermo Martín, director del museo.

Explicó que el objetivo de la sala es que sea una oferta cultural alternativa de la ciudad y que ofrezca contenidos relacionados con la diversidad de la región. “Qué mejor que mostrar una tradición como es la del bordado árabe para explicar una cultura que hace presencia y tiene influencia en la región”, señaló.

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