El reto de las redes sociales

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Por Erik Fabián Sojo Rodríguez
@eriksojo

El talento para denunciar la corrupción acudiendo a la sátira y el humor con el que Jaime Garzón acostumbró a la generación noventera, era tan grande que aún, luego del fatídico crimen de Estado de este abogado bogotano el 13 de agosto de 1999, se conservan frases que iluminan la realidad contemporánea de Colombia.

Una de las tantas frases de Jaime Garzón donde canta la tabla a varios colombianos contemporáneos, que circula en memes digitales y que he visto en grafitis sobre las paredes bogotanas es:

“El problema de Colombia es usted…
que no le gusta leer;
que no quiere estudiar;
que no le gusta madrugar;
que no quiere trabajar;
que está esperando el viernes;
que sólo piensa en fiesta;
que sólo habla de fútbol.”

Cuánto desearía haberte querido escuchar, querido hermano de patria, echándonos vainas a muchos que nos enfrentamos a un monstruo actual de la comunicación llamado redes sociales, que navega en el continente digital, que como en toda población, está habitado por distintas especies nativas e inmigrantes.

Quizá la de mayor amenaza es el espécimen con ínfulas de sabiondo, con rasgos de opinólogo y con síndrome de especulación instantánea a los que llamo ‘verborréicos digitales’ dedicados a moler cizaña desde sus trincheras, arropados con una sábana gruesa de anonimato.

La saturación de contenidos que este espécimen ha producido en las redes sociales a partir de la inseguridad en la ciudad, fue demoledor para la amada y sufrida patria chiquita que nos acogió, comercializada por quienes ‘amándola’, la vendieron como un destino altamente peligroso.

No pretendo que se esconda parte de la realidad de lo que sucede en nuestra ciudad, me parece constructivo el uso de las nuevas tecnologías para la denuncia, para la mitigación de la delincuencia por la vía legal, pero sería bueno no caer en las garras temidas de la réplica viral.

Armemos una revolución digital, hagamos la contra a quienes nos cargan con contenidos negativos, alimentemos nuestro espécimen con buenas acciones, con noticias positivas, con testimonios de vida, quizá viendo ese alimento por allí, los verborréicos, lo consuman y sea tan bueno el sabor, que evolucionen.

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