El mejor regalo de Navidad

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Por Erik Fabián Sojo Rodríguez
@eriksojo

El ambiente de la ciudad está propicio para vivir intensamente la alegría, la fe, la esperanza y la fraternidad; los almacenes en descuento casi jalando a los clientes para que desalojen la mercancía y nivelen un poco las ventas de este difícil año comercial.

La calles con sus acostumbradas iluminaciones han embellecido el panorama de los renovados y acogedores parques de la ciudad; todo está dado, casi tiemblan las manos por la tentación de sacar el celular en todo lugar para tomarse fotos y montarlas rápidamente en las redes sociales o mandarlas a toda la lista de contactos del Whatsapp.

Pero que tal si como reto navideño nos proponemos vivir intensamente esta época del año en la intimidad del hogar, rodeado de quienes son la extensión del verdadero motivo de la Navidad, que reflejan la inocencia, el amor, la incondicionalidad, la alegría del recién nacido con la ternura y el calor de nuestras familias.

Tu familia anhela vivir esta Navidad contigo, no como vitrina, no como elementos decorativos que adornan el marco de una buena foto, necesitan tu tiempo, tus ojos para verse en ellos reflejados, tus oídos para sentirse realmente escuchados, tus labios para escuchar el susurro de tus palabras, tus brazos para experimentar el calor de un abrazo, te necesitan a ti en toda tu humanidad.

Que bueno que por ser Navidad, por el ambiente bipolar entre alegría y nostalgia, se puedan perder por varias horas los celulares para que realmente nos concentremos en lo esencial, para que podamos redescubrir que mirarnos fijamente, con la atención total en nuestros seres amados, resulta más revelador que intentar ver con el zoom de la cámara, la imagen inmortalizada de un momento particular.

Atrevámonos a vivir intensamente esta Navidad, a renacer con el nacimiento de Jesús y con la alegría desbordante de la época, a una época de cambios conductuales en nuestra vida de familia, sentémonos juntos, cocinemos juntos, lavemos los platos en equipo, compartamos con quienes más nos necesitan, ojalá no sólo sea lo material, sino sobre todo nuestro tiempo, dedicación y atención, quizá sea eso el mejor de los regalos, que sin envoltorio, se quede impregnado en el corazón.

Interesante si aprovechamos este tiempo navideño para evaluar aquello que sabemos ha venido desplazando la atención hacia la familia, pidamos al niño Dios el gran regalo de manejar mejor el tiempo, de entregarnos por entero a lo realmente importante, trascendente y permanente, que en resumidas cuentas sabemos que es la familia, no intentemos encontrar razones superiores, pues todo lo demás será accesorio ante el verdadero tesoro del amor familiar.

Feliz Navidad en familia.

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