Alternativas para la Solidaridad Sostenible

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Por: Jesús Torres Tejada - Director de “Torrez Moratto Abogados”

 

Dentro de las ultimas semanas, se ha abordado un tema sobre la mesa de los colombianos y, en general, en todos los medios de comunicación del País. Esta oportunidad no es la excepción. Señalada como controversial e incomprensible por unos, y expuesta como la máxima apuesta de confianza al inversionista por otros; la reforma tributaria del año 2021, es un elemento que, luego de atravesar un año lleno de incertidumbre y recesión económica, había de esperarse tarde o temprano.

En el transcurso del presente año o el inmediatamente siguiente, había de esperarse, pues, ha sido evidente la desaceleración económica y la disminución de la mano de obra de carácter presencial que, en su oportunidad, generaría empleo sostenible y una circulación normal de la moneda. Todo lo anterior conlleva a tomar medidas de carácter inmediato y más aún, cuando nos encontramos ad portas de un año de elecciones, donde la imagen y la aceptación empresarial son un talante para los movimientos políticos.

Si bien nuestro ordenamiento jurídico ha sido uno de los más inestables en Suramérica, en atención de las últimas cinco reformas a lo largo de una década, esta reforma contiene un matiz sin precedentes y para la historia: El desarrollo en medio de un tercer pico de pandemia por Covid-19. Aunque existen otras reformas que han sido tachadas al momento de su publicación (2016; aumento del IVA del 16 al 19%) el consumidor final ha optado por recibir las anteriores con entereza y con valía; pues dentro de la misma también se habían aportado, entre otras medidas, impuestos para personas con más patrimonio a su cargo, logrando así, una apariencia de leyes bajo el principio equitativo y progresivo de los tributos.

El factor sorpresa que inunda hoy las redes sociales y los diferentes medios de comunicación masiva, consiste en un desproporcional desconocimiento de la situación económica de la clase media y la ausencia de empatía con el ciudadano de a pie. Esto, por la imposición de más impuestos a la canasta familiar, que, si bien es aplicable para todas las clases sociales, afecta a todos aquellos que arduamente viven del día a día. A lo anterior, se le suman los impuestos a servicios públicos, que, para aclarar, en la actualidad existen regiones sin acceso a ellos, aun con la existencia del subsidio económico por parte de los estratos 5 y 6.

Ahora bien, la presentación de reforma tributaria en sí misma no es descabellada, pues ella busca la recuperación de los recursos que fueran designados en ocasión de la medida de emergencia sanitaria por COVID-19. Lo que, si genera una medida desbalanceada, es no proporcionar medios, alternativas o incentivos para mejorar la calidad de vida de los colombianos y su participación en la economía en sectores que se encuentran en el olvido como son; incentivar la formalidad, el agro, entre otras cosas.

Vale memorar que, este país es netamente agrario. Aproximadamente poseemos 67 millones de hectáreas verdes, constituyendo gran parte del territorio. Por ello, sería interesante la intervención sobre incentivos de carácter tributario para las personas que se dediquen al agro, como beneficios con relación al precio frente a productos importados, y entre otras medidas, una recuperación de vías de acceso para promover cultivos en todas las regiones del país que actualmente no posee el campesino.

No obstante, otra de las alternativas viables podría consistir en mejorar las capacidades crediticias del ciudadano y eliminar poco a poco el misterio que abarca el mundo financiero, pues, de esta forma existiría una participación activa entre los ciudadanos y el mercado privado, en comunión con la intervención del Estado, logrando así una captación de recursos de forma más eficiente y llamativa para disminuir la informalidad.

La participación activa de los ciudadanos de Colombia está totalmente en el olvido para un sector que mueve la economía diaria y que corresponde al régimen más importante del país. Hablo del sistema financiero. Situaciones como la presente reforma tributaria, golpea directamente al rostro de una sociedad altamente maltratada con los intereses de mora más altos e intereses corrientes desproporcionales con la realidad echa mano a mano. Impuestos por transacciones y cuotas de manejo del propio recurso, son uno de los tantos caracteres que desmotivan el interés en esta área y que, podría ser una alta influencia en el desarrollo económico y social del país. Necesitamos que el Estado obtenga recursos, pero, motivado a través de la estimulación económica y no por la presión tributaria.

Por último, existen otras alternativas (totalmente utópicas) que contribuirían a disminuir el gasto y la recuperación de la deuda pública. Entre estas medidas, se atribuye la disminución de salarios y gastos totalmente innecesarios y que son bien sabidos por los ciudadanos, como, por ejemplo; la suma ineludible de la nómina del poder legislativo (Congresistas) y altos mandos del poder ejecutivo. Luego de ello, se ubican gastos como el utilizado para mitigar una guerra, que como dice nuestro himno, es totalmente inmarcesible.

Esta breve exposición pretende argumentar que, por un lado, existen otras medidas diferentes a la imposición de más impuestos, para garantizar el recaudo económico y progreso de un país y, por otro, expresar que obran desfalcos dentro del poder administrativo que, en su austeridad, brindarían una “alternativa a la economía solidaria sostenible”, antes de extirpar lo último que queda de la fuerza obrera del país.

 

 

 

 

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