“Aún espero su llamada a las 6 de la mañana”: Mamá de Eduardo Pinto Viloria, director de Medicina Legal asesinado

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Por: Rebeca Viloria Ustaris - Madre de Eduardo Pinto Viloria

A Eduardo Pinto Viloria lo traje al mundo ayudado por una partera de Cuestecitas, Vicenta Aragón. En aquella época vivíamos en los Remedios y bajé a parirlo, estuve varios días ahí, esperando la hora y llegó un 5 de noviembre de 1981 a la una de la madrugada. Era el cuarto hijo de 6 que tuve en total, de niño me gustaba vestirlo de rojo.

He asistido a todas las audiencias que le han hecho a ella, también estuve presente en la audiencias del hombre que confesó ser su amante, ese mismo que varias veces la llevó a ella cuando fue su “chófer” en ese carro, donde varias veces consumaron la maldad de matarlo una y otra vez, pero a Dios no le alcanzó la mano para evitar que al final lo hicieran, después de fallar en muchos intentos.

Lo bañaba con chirrinchi, por una práctica ancestral de los Wayuu que aprendí de los vecinos de los Remedios, de las rancherías de Urapá y Paradero, le enseñé a bañarse en chirrinchi porque así se le salía el frío de los muertos, recordarán ustedes que mi hijo fue el director regional de Medicina Legal, en sus visitas a Maicao siempre se llevaba unas botellas de chirrinchi.

A Eduardo todos en la Guajira me lo querían, no hay paciente, ni lugar donde no recuerden a Eduardo con cariño. Cuando asesinaron a Luis Andrés Colmenares Escobar, seguí el caso y vi cómo fueron absolviendo uno a uno de los involucrados en ese crimen, pensaba en Oneida Escobar, su mamá, en esa rutina suya de visitar los juzgados en esa ciudad tan fría y gris como Bogotá, pensaba en la batalla solitaria de los Colmenares Escobar, sólo buscando justicia, ahora estoy yo en la misma situación, uno nunca piensa que esto puede pasar.

Temo que conmigo y sus hermanos pase lo mismo. Han dilatado tanto el juicio de ella, han inventado diferentes excusas para retardar lo inevitable, han condenado a todos los que viajaron con ella en el mismo vehículo de la madrugada del 4 de mayo de 2016.

Yo no soy una mujer estudiada, pero todo lo que he visto en las audiencias por parte de la defensa han sido dilataciones, por una sola razón: Ella no tiene defensa y no han permitido pasar a una audiencia de pruebas, pero sí a una solicitud de libertad provisional por vencimiento de términos, cuando todo este tiempo que ha transcurrido ha sido por los cambios de abogados que la autora intelectual del asesinato de mi hijo ha tenido.

Extraño su llamada a las 6 de las mañana, todos los días mis hijos me llaman, me deben llamar, así les enseñé, Eduardo me llamaba de donde estuviera, desde el 4 de mayo de 2016 no me llamó más nunca. A ella, nunca tuve tiempo de conocerla, no asumí esa relación como un noviazgo, pensé que era otro amor efímero de Eduardo, como tantos amores que le conocí, yo sólo quería que él siguiera estudiando, que se especializara, casarse era truncar sus planes y los míos, porque enviudé el mismo año que Eduardo se graduaba de bachillerato.

Cuando Eduardo me dijo que quería estudiar medicina, me tocó dejar las labores domésticas y retomar el trabajo de mi esposo, asumí esa responsabilidad y mi hijo pudo estudiar la carrera que quiso, pero con mucho sacrificio, sabía que mi hijo no me iba a fallar y así fue, culminó sus estudios profesionales en la Universidad Metropolitana de Barranquilla, la más cara en el área de medicina, pero yo sabía la clase de hijo que tenía, sabía que no me fallaría y pude recibir ese diploma como si fuera mio, por mis hijos hice, hago y haré cualquier sacrificio, hoy por ejemplo me sacrifico en ver la cara de su asesina, así ella baje la mirada.

Cuando miro todo lo que logró mi hijo en tan poco tiempo, sólo pienso en lo brillante que era y en todo lo que dejó de darle a una sociedad por una mente enferma. Después del sepelio de mi hijo, ella convivió con nosotros 11 días, los días que duró el velorio y aún así no pude descubrirla, no vi en ella un asomo de arrepentimiento, fue capaz de llorar a mi hijo y actuar en medio de mi familia.

Ella hasta que estuvo segura que nosotros estábamos convencidos que todo fue un “atraco” no dejo de caminar y observarnos en mi propia casa, con el único objetivo de llevarse consigo la certeza que fue un crimen perfecto.

Pero no fue un crimen perfecto, hoy la certeza la tenemos los Pinto Viloria y todos los que han seguido el caso, así como mató a mi hijo puede matar a quien no se someta a sus pretensiones, ella es un peligro para la sociedad y la justicia colombiana no debe sucumbir nuevamente, otro caso Colmenares no es posible y menos con tantas torpezas y obviedades.

A los abogados de ella les digo que asuman de una vez por todas la defensa de su clienta, buscar más aplazamientos para lograr su libertad provisional, sólo demuestra lo que todos ya sabemos, que ella ¡me lo mato! Hoy trato de distraerme haciendo manualidades, haciendo pasteles por encargo para esta época de navidades y año nuevo, pero la mente no me da, trato de mantenerme ocupada y en este proceso que los sicólogos llaman de desapego y yo aún espero su llamada a las 6 de la mañana.

 

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