Crónicas de las pandemias ¿psicosis o debilidad?

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Por: Rafael Arturo Pastor Fuentes

 

Nuestra cultura Caribe nos dice que la fecundación es producto de un polvo, nacimos de un polvo y un polvo nos acabará, los caprichos de la naturaleza son cambiantes, sigilosos, contundentes y voraces en su momento, los vientos, los volcanes, los nevados y mares, son los elementos que más se ensañan duramente con la humanidad ¿será por venganza? Ese castigo que recibimos constantemente, ¿será por no saber apreciar lo valioso y bondadoso que tiene nuestro paraíso?… en fin, el estigma de la duda empieza a quebrantar mi nivel de credibilidad.

Hemos vivido diferentes guerras civiles y en cada una de ella se sabía a quién le tocaba el deceso porque era el elegido, en la guerra de la independencia se moría aquel que no fuera patriota, la guerra pre y post independencia era la rivalidad de gobernar entre federalistas y centralistas, posteriormente llegan los liberales y conservadores dirimiendo así su poder político, nace la ‘chusma’ y así, su disputa entre ‘pájaros y chulavitas’, nombres que cambiaron de acuerdo a su fortalecimiento militar y regional hasta convertir este noble país en su escenario de actividad mortal, la población civil agobiada por sus desmanes se unieron para formalizar grupos y contrarrestar tantas atrocidades.

Aquí tomamos un adagio popular que dice, un clavo saca otro clavo y se formó la debacle, porque se unieron narcos y eran tres los actores del conflicto guerrilla y paracos, narcos, contra el débil estado, pero nunca falta un ángel en el camino, aprovechando esa Revolución se quiso realizar un proceso de paz con los ancianos de la guerra y brindarles una digna jubilación. Estamos en modo paz, ya se alimentaba la esperanza de Renacimiento de nuestra vida cultural económica social, cuando ya creíamos estar libres de entierro colectivos, llega el rey, vestido de nobleza con su corona a tratar de acabar siquiera con el 30% de la población mundial, con el polvo chino, el polvo del Sahara y para reforzar al rey el polvo de azufre volcánico, caprichos la naturaleza que nos tomó por sorpresa y que sólo un trapito en la boca nos puede salvar de estos polvos malignos, pero si los trapitos hubiesen sido hechos con la tela del sudario de Cristo, no sentiríamos tanta angustia de no saber cuándo ni en dónde me toca el deceso.

Y mientras eso ocurre, estoy padeciendo, más cuando llegan las facturas del servicio público, cuando escuchó el ruido de una moto, pienso que es el cobra diario, cuando escucho en la radio que se murieron los médicos porque nunca aprendieron a inmunizar su cuerpo ante tantos virus en un hospital, cuando me acuerdo de la discriminación de la sabiduría ancestral, resulto con lágrimas en mis ojos sin estar llorando, pienso que será la masa gris que está deshecha y se sale gota a gota, después de tanta angustia dolores y penas, me llega la demencia senil y solo me quedó grabado de tanto escuchar canciones, un estribillo de una canción Enrique Díaz, un juglar de nuestro folclor caribe colombiano, el estribillo dice: “la muerte viene a caballo, allá se oye galopando. Quiero que llegue a mi rancho Aquí la estoy esperando”.

 

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