EN VIDEO: La caja 200 mil

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Mientras acomodaba la escoba, en el lugar de siempre, después de haber aseado la casa, Liliana Dede no dejaba de pensar en que sus cálculos le habían fallado. La sopa de pollo, que había preparado para tres días, solo le duró dos. Y no es para menos, es la comida favorita de sus dos hijas, de sus papás y de sus tres nietos. La preocupación rondaba su cabeza.

Tenía casi tres semanas que no salía a recorrer las calles del centro de Barranquilla para vender el queso y los bollos que solía comercializar en esa zona, debido a la cuarentena obligatoria decretada por el Gobierno Nacional, para mitigar la propagación del Covid-19 o Coronavirus.

Ese día, en el que hizo más calor que de costumbre, anunciando la llegada de la Semana Santa, el pensamiento de esta barranquillera de 51 años, era como el de muchos trabajadores informales del país: “Si no nos mata el Coronavirus, nos mata el hambre”.

De repente, el sonido de un motor de camión irrumpió con el inusual silencio de esa cuadra del barrio Los Almendros en Soledad. “Qué hace la basura pasando a esta hora”, se preguntó. Sin embargo, escuchó el llamado de la señora Alicia, la vecina más pila de la cuadra, quien le aseguraba que había llegado la Gobernación del Atlántico a entregar las ayudas que tanto estaban esperando y que se iba a quedar sin caja “si no se avispa”.

Liliana se asomó a la puerta con recelo, pero cuando vio que desde lejos varios uniformados de la Defensa Civil, Policía, Ejército y voluntarios de la Gobernación se desplegaban de lado a lado de la calle dejando en sus puertas una caja mediana, solo pensó en una cosa: “Espero que hayan traído las suficientes para no quedarme afuera con las manos vacías”.
Sintió esa entrega como en ‘cámara lenta’, pues nunca se ha ganado una rifa o una lotería y tampoco se sentía con suerte ese día. Sin embargo, pasados unos minutos, se sacudió, se quitó esa idea de la cabeza y prefirió pensar en que Dios estaba de su lado, que así como había recibido de parte de Él un milagro de sanación de un cáncer de garganta, hace 20 años, esto para Él era ‘pan comido’.

Su cara de preocupación empezó a desvanecerse y se tornó de sorpresa cuando a su puerta un “Buenas mi señora. Mire, un regalo de parte de la Gobernadora Elsa Noguera. Está de buenas. Esta es la última caja. La número 200 mil”, apareció de la nada.
De inmediato, Liliana, apenas asimilando lo que el voluntario de la Defensa Civil le había dicho, llamó a sus nietos Mauricio y a Diana y su mamá, para contarles la buena nueva. “Ustedes que decían que eso era puro cuento y que no iban a venir por aquí. Aquí está y vino premiada”, exclamó.
El pollo se le había agotado, pero ahora tenía atún. Las zaragozas que también estaban escasas fueron reemplazadas por lentejas. Las arepas de maíz que tanto le gustan a su nietecita ya las iba a poder preparar con la nueva harina pan y, lo mejor de todo, no tenía que ir a ver si el señor de la tienda le fiaba el aceite, el jabón y las pastas porque ahora ya tenía, al menos, para 10 días más.

“Dios aprieta, pero no ahorca”, decía. Y como no, si ese día caluroso de Abril se le convirtió en una nueva bendición en su vida. De ahora en adelante, Liliana aseguró que jamás volverá a decir que la suerte nunca está de su lado. Prometió que cuando todo esto pasara, no se le olvidaría que un día, en el que el mundo entero se encontraba confinado por un mortal virus, a su casa llegó la caja 200 mil con provisión para ella y su familia.

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