Encestándole a la vida, la historia de Raúl Enrique Palma

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En Barranquilla hay 128 grupos juveniles dedicados al pandillismo, esta situación afecta generalmente a los barrios suroccidentales y surorientales de la ciudad e involucra cerca de dos mil 600 jóvenes, de los que un 37 por ciento pasan a hacer parte de grupos delictivos.

Sin embargo, y en medio de esta grave situación hay jóvenes como Raúl para quienes el deporte es una forma de cerrarse a hacer parte de las estadísticas negativas y en ese afán por salir adelante, piensa además en los amigos de su entorno.

“Mi sueño siempre ha sido salir adelante, sacar a vivir a mi mamá dar lo mejor y siempre ser lo mejor para ella, nunca defraudarla y por medio del deporte como lo han visto, yo me quiero desempeñar en un buen estilo y ámbito; que yo sea demasiado especial para las demás personas. Mi madre siempre ha sido lo mejor del mundo, podría decir que mi mamá siempre ha sido lo mejor”, explicó el joven Palma.

Y como detrás de todo gran joven hay una gran madre, esta vez no sería la excepción, con sus consejos y sus valores… ella es Olga María una madre que sueña con que su hijo tome todas sus enseñanzas y las ponga en práctica, sueño que, desde ya, se le está cumpliendo.

Diariamente este joven ayuda a su mamá a arreglar el pescado, que luego es vendido para conseguir lo del sustento diario, esta actividad la combina con su estudio y por supuesto, con una de sus más grandes pasiones, el baloncesto.

“A veces viene cualquier amigo o amiga o personas que me conocen, me proponen, tengo esta ropa para vender, yo me le mido, después que me deje algo, para el sustento de mi hijo”, explicó Olga María, madre de Raúl.

“Recuerdo cuando me dijo, mamá me gusta el básquet, yo quiero un entrenador, hice todo lo posible porque lo tuviera, aunque no era algo que comenzó como profesional, ahora se está soñando con eso”, agregó.  

Pero contrario con lo que se creería, Raúl no ve en el deporte un camino a la fama, él lo ve como una opción ante tantos peligros que hoy lo acechan a él y a sus amigos, peligros como el que encontramos cuando realizábamos esta entrevista y vimos como la policía llegaba a capturar a un joven que estaba tirando piedras en la calle en un enfrentamiento entre grupos juveniles del barrio.

“Principalmente con el deporte podemos quitar varios jóvenes de la droga,  ya que esto más que un deporte es una pasión, ese es nuestro proyecyo, inculcar este deporte en generaciones venideras, y es que varios jóvenes ven a las drogas como su única salida y esto no es así”, Aseguró Emanuel Carrasquilla, amigo de Raúl.

Diariamente Raúl y sus amigos recorren los cerca de dos kilómetros que hay entre su cuadra y esta cancha para entrenar duro en un equipo en el que su director salió de entre las cenizas y de ahí el grupo adquirió su nombre.

“Nosotros crecimos en un barrio y unas situaciones difíciles, por eso a veces volteo a mirar a la izquierda o a la derecha y veo varios de mis amigos que están perdidos, yo les digo a ellos que el deporte es otra opción y que con él se puede salir de las drogas”, agregó el joven de 17 años.

Así transcurre su vida, entre la venta de pescado, el estudio y por supuesto su más grande amor, el baloncesto, con el que espera hacerle muchas cestas a la vida.

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