¿Quiénes cuidan a niños y ancianos?

0
123
Por Erik Fabián Sojo Rodríguez - @eriksojo

Quienes tenemos niños pequeños y trabajamos fuera de casa, confiamos profundamente en las cuidadoras que llegan diariamente a suplir una misión que implica una responsabilidad compartida.

Traigo este tema tan recurrente porque en la cotidianidad de una sociedad urbanizada, a las familias se nos convierte en una decisión trascendental, la escogencia de quién nos apoyará en el cuidado de los niños y de los ancianos, una población tan especial pero a la vez tan vulnerable.

Suelo pasar en las mañanas, cuando vamos en el carro junto a mi esposa y a mi hija mayor en la ruta menos caótica para intentar llegar a tiempo al trabajo de mi esposa, y en ese tránsito, se ha vuelto recurrente ver una escena propia del norte de la ciudad.

Sobre el boulevard del Country, vimos durante cinco días seguidos, en la misma hora de la mañana, a una enfermera o a una nana acompañando el lento caminar de unas tiernas y encopetadas abuelitas, vale la pena aclarar que no era la misma, fueron cinco ancianas distintas.

Sin duda recordé que en mi familia materna estamos reflexionando la misma necesidad y más íntimo aún, en nuestra decisión de padres de niñas pequeñas, hemos entregado un voto de confianza rotundo al abrir las puertas de nuestro hogar y dejar a nuestro mayor tesoro bajo la custodia de nuestra fiel ángel de la guarda que se disfraza con uniforme de Nana todos los días.

Mezcla de sentimientos genera esta ausencia temporal de privarnos de la riqueza que nos da pasar tiempo con los niños y con los ancianos, cuánta inocencia y cuánta sabiduría nos oxigena el alma cuando lo podemos hacer.

Sentimientos de tristeza porque siendo nuestro deber, o más preciso, nuestra responsabilidad, la delegamos por el cumplimiento de unas ‘obligaciones’.

Pero a la vez un gran sentimiento de gratitud porque a nuestros tesoros los cuidan con igual o mayor dedicación, seres que han sido escogidos para suplir nuestra ausencia voluntaria u obligatoria.

Qué pesar que el confort o la necesidad creada nos hayan hecho tomar la decisión de no estar todo el tiempo al servicio de nuestros niños o ancianos, pero es creciente el número de ellos que pasan sus días junto a personas foráneas que los custodian.

Como le suelen decir a los líderes, “la responsabilidad no se delega”, por tanto debemos comprender que la custodia de ellos hace necesario que nuestro deber lo ejerzamos con compromiso moral, con profunda gratitud. Nada de estar endilgando la misión que tenemos como hijos o como padres, pues mucho hacen nuestras heroínas con disfraz de nana, como para que sean alcahuetas de nuestra actitud sin verguenza.

 

 

No hay comentarios

Dejar una respuesta