Un médico que empezó a valorar su vida cuando estuvo a punto de perderla

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Esta historia inicia en Piojó, un municipio del Atlántico, donde conocí a Eusebio Nicolás Consuegra Calvo, el médico del hospital del municipio, un hombre dichararero, que a menudo hacía chistes y de una edad madura, hasta ahí todo iba normal, hasta que lo vi caminar…

El lado izquierdo de cuerpo se veía paralizado y arrastraba su pierna, pese a ello, conservaba su buen humor y no pude evitar preguntarle por su historia, pues me parecía estar escuchando ese adagio de mamá, “los médicos también se enferman”.

“Mi historia es un gran milagro de Jesús, hace 12 años me dio una isquemia cerebral, que no es otra cosa que una hemorragia cerebral; permanecí seis meses en coma con una traqueotomía y una gastrotomía”, explicó mientras mostraba su cicatriz en el cuello.

“Permanecí seis meses en silla de ruedas, pero por mis ganas de vivir y la misericordia de vivir, estoy vivo y aquí estoy trabajando en Piojó, en este pueblo hermoso, con amor, con dedicación, porque todo se lo debo a Jesús, sin Él no somos nada”, agregó el galeno.

Me contó de su vida antes del accidente que lo puso al borde de la muerte, el consumo de bebidas embriagantes y las farras de los fines de semana en La Troja no podían faltar y fue, precisamente, esa vida llena de excesos la que por poco no permite que hoy nos esté echando el cuento.

“Totalmente cambié, ya dejé mi vida de farra, ahora le canto al señor, canto mis alabanzas, bailo mis alabanzas; estoy en lo que yo era, esta era mi vida, pero lo comprendí por lo que me pasó, por eso cambié y no puedo volver a esa vida porque ahí sí me voy a morir y no puedo defraudar a Jesús, porque yo soy un cipote de milagro, así vulgarmente dicho, así de sencillo”, dijo emocionado Consuegra.

Desde esa vez que estuvo cerca de la muerte, tan cerca que afirmó que vio el túnel del que tanto hablan y también vio un señor que no tenía rostro y lo invitaba a pasar; ese momento fue el que cambió para siempre su vida y desde entonces el mensaje ha sido para sus pacientes.

“Es lo principal en mi vida, yo tengo a Jesús en mi corazón y eso es lo que le transmito a mis pacientes; yo soy un ejemplo de vida, yo estuve en aquella parte yo sé cómo es la enfermedad y esa es mi gran ventaja, no soy prepotente, esa es mi gran ventaja sobre los médicos, que yo estuve del otro lado”, explicó mientras el tono de su celular interrumpía su historia.

Al otro lado de la línea le informaban de un accidente a pocos kilómetros del casco urbano, la ambulancia traía tres heridos de un accidente en una motocicleta y fue ahí cuando demostró que lo que había dicho, era verdad.

Con medio cuerpo paralizado, logró atender a los tres heridos y entre broma y broma, mitigaba el dolor que estaban sintiendo en ese momento.

Así fue que conocí al médico Eusebio Nicolás Consuegra, un médico que empezó a valorar su vida, cuando estuvo a punto de perderla; por eso su mensaje es para esas personas que no valoran sus vidas y de pronto están pensando en apagar su luz…

“La vida solamente la quita Jesús, no nosotros, la vida es rica; vea yo soy una persona discapacitada y aquí estoy trabajando, tengo mi problema en el lado izquierdo y trabajo por amor, por amor a Jesús, ese es mi gran propósito en la tierra.

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Pero descubrimos que para este médico hay algo muy importante, aparte del amor por Jesús y el amor por sus pacientes, es su Junior del alma.

“Me dicen que es hincha de Nacional”, le pregunté tomándole el pelo, “nooo, ay por favor, hincha de Junior, Tú Papá Junior, del Frente Rojiblanco”, y aprovechó la cámara para mandarle un saludo a sus jefes, “Un saludo para la doctora Alma Solano, la doctora Elsa que aquí está un médico de ‘perrenque’ en Piojó que no la va a defraudar, ¿oyó? Y viva Junior vamos por la décima estrella”,

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